EL HAIKU


En la poesía occidental no es posible encontrar ninguna forma capaz de llegar a la profundidad esencial con la que el haiku se une a sus objetos poéticos con una extraordinaria economía del lenguaje. Me refiero a ese género japonés que secularmente ha adoptado la pauta de una estrofa de tres versos de 5, 7, 5, sílabas respectivamente. Matsuo Bashó  (1643-1694) fue su máximo exponente y lo definió de un modo muy simple: “Haiku es lo que está ocurriendo ahora”. Quizás, huyendo de abstracciones intelectuales, quería expresar que se trataba de alcanzar momentos intemporales, es decir eternizar la espléndida porción de presente que está ahí. Se advierte la clara influencia del Budismo Zen en toda su obra, en su misticismo.

En cuanto a la brevedad métrica del haiku, hay que decir que lo que se reduce en extensión se aumenta en densidad, puesto que se trata de llegar a la esencia del objeto poético considerado mediante el mínimo de rasgos semánticos, llegando a diluir la distinción entre sujeto y objeto para lograr una fusión de ambos, de ahí el carácter místico que suele impregnar las composiciones de muchos autores, clásicos y modernos.

El haiku se asocia con el satori en cuanto que produce una iluminación instantánea que une al poeta con su propia esencia y la del universo, sin establecer fronteras. Para los occidentales es difícil el dar prioridad a los aspectos connotativos del lenguaje sobre los denotativos. Utilizamos muchas palabras para expresar, a veces, pocos contenidos. Por el contrario, el haiku sugiere, evoca, hasta el punto que pierde toda su capacidad de transmisión poética desde el momento que pretende explicitar su sentido.

Una característica a tener en cuenta es que carece de rima externa, consiguiendo la interna mediante la ya citada fórmula métrica de 5, 7, 5. Otra exigencia preceptiva es la proscripción del uso de la metáfora, el de emisión de juicios y la inclusión de contenidos intelectuales. En cambio se utiliza la comparación, normalmente implícita, y la sinestesia.

Al prescindir del razonamiento discursivo, se obtiene una visión intuitiva de la realidad que se expresa mediante símbolos poéticos que, como la flecha que da en la diana, unen el significante con el significado. La influencia religiosa del budismo hace que la temática esté profundamente unida a los aspectos naturales del entorno próximo al poeta. La secuenciación siguiendo las estaciones del año fue magistralmente empleada por Bashó en su poemario “Haiku de las Cuatro Estaciones”. Para conseguir la ubicación estacional del poema, es preceptivo utilizar el kigo, palabra que indica la estación en que se escribe.

Para finalizar, diré que sólo he pretendido hacer una breve aproximación al haiku para introducir las selecciones que iré publicando. Para los interesados, hay una rica bibliografía sobre el tema.

 

 

 

Acerca de EL PEREGRINO CONSTANTE

Concibo mi vida como un infatigable peregrinar en busca del conocimiento de cuanto me rodea, de la belleza, del amor y la amistad. He vivido lo suficiente como para poder calificar de largo el camino recorrido, pero no para dejar de andar.
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