Orígenes del haiku en lengua española


Tradicionalmente hay división de opiniones en lo que  a la introducción del género en nuestro ámbito lingüístico. Por una parte, nos encontramos con la figura del mexicano José Juan Tablada (1871-1945), que en 1919 publicó el primer poemario de haikus en español. Octavio Paz hace hincapié en este hecho y lo considera como el verdadero introductor. Ahora bien, Pedro Aullón de Haro, en su libro  “El jaiku en España” (Ed. Playor. Madrid.1985), afirma que en 1907 ya aparecen muestras de haikus en la segunda edición de “Soledades” de Antonio Machado, aunque como parte de un conjunto mayor, es decir no como un poemario completo dedicado al género japonés importado. Algo similar ocurre con Juan R. Jiménez, en el que las huellas del haiku se manifiestan en su obra, aunque siempre intercaladas entre otros géneros.. Por su parte, Juan José Doménchina, desde 1919 hasta 1933 incorpora componentes de factura haikista en sus antologías poéticas. Más tarde, “La Generación del 27”, influida por los maestros anteriormente citados y por sus contactos con el simbolismo francés, se acercan al haiku y lo componen desde sus puntos de vista respectivos y con frecuencia y rigor muy diversos.

En general puede decirse que el género en cuestión ha estado presente hasta nuestros días en minorías de vanguardia, o simplemente exotistas. No siempre se ha respetado, ni se respeta, la ortodoxia métrica ni el espíritu clásicos. Aunque este fenómeno también se dio y se sigue dando en Japón.

En lo que a mí respecta, llegué al haiku a través del budismo Zen y me sedujo inmediatamente. Tras años de beber en las fuentes japonesas magníficas traducciones de los grandes maestros, llegaron a mis manos dos excelentes libros: “El haiku japonés”, de Fernando Rodríguez-Izquierdo (Ed. Hiperión, 2ª edición. Madrid.1994), y el ya citado  “El Jaiku en España” de Pedro Aullón de Haro.

El estudio de ambas obras me animó a crear mis propios haikus, asumiendo las dificultades de adaptación a una forma poética proveniente de otra cultura y de una lengua totalmente distinta.

En la composición me he sujetado a la estructura ortodoxa. Asimismo, he ido normalizando el uso del kigo, palabra que indica , como ya dije, la estación del año en que se escribe el poema. Todo ello naturalizado en mi entorno físico, es decir el Sureste de España. Sería ridículo usar escenarios y léxico japoneses.

Por contra, no me es difícil ser fiel al espíritu del haiku japonés clásico. Comparto su mística y acojo, agradecido, el cambio de percepción de la naturaleza que produce en mí.

A partir de ahora, voy a compartir con vosotros haikus de mi último poemario,  “Al ritmo de las Estaciones”. Espero que os gusten.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Acerca de EL PEREGRINO CONSTANTE

Concibo mi vida como un infatigable peregrinar en busca del conocimiento de cuanto me rodea, de la belleza, del amor y la amistad. He vivido lo suficiente como para poder calificar de largo el camino recorrido, pero no para dejar de andar.
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