Reflexiones en torno a la tentación


        En primer término, no voy a dar un enfoque religioso a mis pensamientos, sino meramente humano, con tintes psicológicos.

        ¿Qué es la tentación? Podría aventurar una primera definición: Pulsión que nos atrae hacia algo considerado como malo, inconveniente, o inadecuado,  por nosotros mismos. Dicho así resulta una idea muy concreta, con ciertas posibilidades de llevarse a la práctica.

        Puede consistir en comerse un helado cuando se está a dieta, fumar un cigarrillo, cuando ya se había dejado, quitarle el novio-a a la amiga-o, ser infiel al cónyuge o pareja… Vemos que el denominador común es el grado de probabilidad. O sea que, cuando hablamos de tentación nos percatamos hasta qué punto puede pasar por encima de nuestra voluntad y mutar de potencia en acto, en función de su intensidad.

        Seré ahora más sutil al tratar de encerrar esta realidad en los límites de una definición. Para ello tomaré prestada una frase de un poema de Carles Ribas(1):

“M’a enquimerat la gràcia fugitiva d’un desig…”

“Me ha hechizado la gracia fugitiva de un deseo…”

        Aquí ya no hablo de pulsión, sino de un sutil deseo, apenas nacido, pero que nos hechiza con su “gracia fugitiva”, evanescente. No posee, apenas, entidad temporal, mas nos estremece y nos sume en éxtasis durante una breve porción de tiempo.

        Llegados a este punto, sospecharéis que ya no me refiero a un  helado o un cigarrillo… Entro de lleno en materia carnal.

        Estos deseos, de carácter sexual, que podríamos calificar de nonatos y que sentimos removerse discretamente en nuestro interior más recóndito, son normalmente reprimidos y pasan al subconsciente para aumentar nuestra “sombra”, junto con otros aspectos caracteriales o conductuales,  no necesariamente rechazables, que se depositaron allí, especialmente durante nuestra infancia. En esa época de nuestro desarrollo, prevalece el criterio de las figuras de autoridad que nos rodean, no siempre acertado, a la hora de establecer lo bueno y lo malo. Es cuando se decide, en número, difícil de cuantificar, los aspectos de nuestra personalidad cuyo crecimiento va a favorecerse, y los que van a sufrir una suerte de ablación. Todo ello de acuerdo con el ideal de persona que se tiene en cada época. Constituye un mecanismo estabilizador, socialmente considerado, pero siega, en algunos casos, el trigo y la cizaña juntos.

        Otra pregunta para finalizar:

        ¿No sería preferible, para los adultos, ser conscientes de todas esas tentaciones fugitivas, y resistir o ceder a ellas, según el criterio propio? ¿No esconder el polvo debajo de la alfombra?

****************

  • Humanista, filólogo, escritor y poeta, en lengua catalana (1.893-1959). Primer verso de Estances.

 

Acerca de EL PEREGRINO CONSTANTE

Concibo mi vida como un infatigable peregrinar en busca del conocimiento de cuanto me rodea, de la belleza, del amor y la amistad. He vivido lo suficiente como para poder calificar de largo el camino recorrido, pero no para dejar de andar.
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6 respuestas a Reflexiones en torno a la tentación

  1. El Super Yo, nos ayuda a controlar esas pulsiones, que buscan la concreción de los deseos. Mientras sean pulsiones de vida, todo bien. Es signo de salud mental y de alejamiento de las pulsiones de muerte. La tentación es el intento consciente de concretar el deseo. Aunque en realidad (según Freud) el deseo nunca se concreta, nunca se alcanza. Es lo que nos permite seguir aferrados a la pulsión de vida.

    Qué bueno reflexionar sobre esto!

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    • Opino que los conflictos surgen por diferentes razones. La primera consiste en que las pulsiones permanezcan en el área del subconsciente, en cuyo caso la línea de pensamiento de Freud puede ser útil para explicar determinadas patologías. Otra razón puede consistir en conocer la pulsión y resistirse a ella por considerarla como pecaminosa; en esta tesitura, la carga de pecado asociada a la de castigo es susceptible de perturbar profundamente al individuo. Tal como hemos comentado Eladio y yo, los efectos de más de dos mil años de religión judeo-cristiana pesan todavía en la persona del siglo XXI, a pesar de la secularización creciente provocada por las ideas posmodernas. En lo que a mí respecta, reitero lo dicho en mi primera entrada: Lo saludable como adultos es analizar objetivamente las pulsiones que sintamos y resistir o ceder a ellas, según nuestro propio criterio. Por contra, es nefasto el ignorarlas como si no existieran. Por último, considero evidente que el objeto de nuestro intercambio de pareceres no se agota con lo manifestado, ni tan siquiera con todas las escuelas que, a partir de Freud, lo han tratado bajo muy diferentes premisas.
      Gracias por compartir y aportar. Es positivo que podamos expresarnos aquí con sinceridad sobre temas de toda índole

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      • Como has visto ni mencioné cómo siglos de poderío de la religión (Católica Apostólica Romana) han condicionado, delimitado y castrado el libre albedrío del ser humano. Ese sería tema para largas charlas… Yo intenté analizar el tema desde un punto de vista psicológico, recurriendo a la postura de Freud a quien considero un referente en el tema (sin desmerecer a los que siguieron sus pasos).
        No es necesario que mencione aquí los horrores que la “Institución Iglesia” ha cometido en nombre de la fe …. sería interminable y penoso … Sigamos hablando de sexualidad, que es más agradable!!! 🙂

        Saludos! 🙂

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      • Entendí el enfoque que le querías dar. De hecho yo dije en mi artículo que no iba a tratarlo bajo el punto de vista religioso. Pero al introducir ese elemento Eladio, tuve que responderle. Creo que los tres estamos de acuerdo respecto al papel de la Iglesia Católica en este aspecto. Por otro lado, coincido contigo en que hablar de sexualidad es mucho más agradable.
        Cordialmente tuyo.

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  2. eladio dijo:

    Creo que era Oscar Wilde quien lo dijo: la única manera de evitar las tentaciones, es satisfaciéndolas. Claro que era una época, un contexto y un escritor sin duda singular. El debate siempre está ahí, y querámoslo o no, la responsabilidad de ese debate, en su mayor parte, la tiene la religión-la que domina nuestro ámbito- que ha impregnado desde siempre nuestra identidad y nuestros modos de pensar. La influencia ahora es menor, pero el “poso” de esa influencia aún no se ha disuelto. Un saludo.

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    • En efecto, la ingeniosa frase de Wilde, esconde, bajo la apariencia de frivolidad, su rebelión ante la carga de pecado y de culpa que la religión ha depositado, a través de los siglos, sobre la sexualidad. El punto de partida consistió en la unión indisoluble de la sexualidad humana a la procreación, considerando el placer como un subproducto pecaminoso. A Wilde le costó muy cara su rebeldía pública ante estas limitaciones. Su estancia (1895-1897 en la cárcel Reading minó su salud hasta tal punto que, su vida no se prolongó apenas después de su excarcelación (falleció en 1900). Es evidente que, a pesar de una secularización creciente en todos los ámbitos,” no se ha disuelto el poso de esa influencia”, como bien dices. Gracias por tu comentario y un saludo.

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