¿Para quién escribimos?


 

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       Mercedes Salisachs, fallecida en mayo de 2014, me proporcionó, en cierta ocasión, una anécdota valiosa que ilustra lo que diré después acerca de la pregunta que lanzo al aire.

         En el año 1979, con ya 63 años y 16 novelas, en ese momento, en su haber, la maestra Salisachs publicó La presencia. Yo asistí a una presentación de la novela. Al finalizar el acto, hice cola para la firma. Llegó mi turno y, tras preguntarme el nombre, escribió la dedicatoria y me lo entregó con una expresión encantadora, como de niña buena y lista. La leí con curiosidad. Decía así: A Julio, desde el miedo y la esperanza… Nos miramos profundamente un instante, con una sonrisa llena de complicidad, le besé la mano y le dije que estaba seguro de que me gustaría.

        Mercedes era una escritora consagrada, pero, a pesar de ello, presentaba el fruto de sus horas creativas con humildad, experimentando el binomio miedo-esperanza. Miedo a no gustar, esperanza de triunfar.

        Los que no vivimos de la pluma nos podemos permitir ciertos lujos, tales como tener escritos durmiendo en un cajón durante años, o paseándose por nuestras circunvoluciones cerebrales sin atravesar los duros límites del cráneo. También podemos hacer valientes manifiestos de independencia respecto a los estilos de moda y a la preceptiva literaria en general.  

        Indudablemente, el proceso creativo, en cualquiera de los géneros literarios, es algo íntimo, solitario. Hasta el punto que escritores no profesionales llegamos  a decir que “escribimos para nosotros mismos”. El hecho de que no  nos ganemos la vida escribiendo parece que pudiera  hacer veraz tal afirmación. Sin embargo, en el fondo de cualquier persona que escriba, existe la consideración de que algún día alguien pueda leer eso que está escribiendo “sólo para él…”. La prueba es que cuando ese escritor no profesional, oculto, atrincherado tras una actitud intimista, decide un día mostrar sus escritos en público, lo hace pudorosamente, temeroso, con miedo a no gustar, pero movido por una porción subterránea de narcisismo. Con el mismo miedo-esperanza que Mercedes Salisachs  sentía aquella noche de presentación ante un lector anónimo.

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Acerca de EL PEREGRINO CONSTANTE

Concibo mi vida como un infatigable peregrinar en busca del conocimiento de cuanto me rodea, de la belleza, del amor y la amistad. He vivido lo suficiente como para poder calificar de largo el camino recorrido, pero no para dejar de andar.
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2 respuestas a ¿Para quién escribimos?

  1. eladio dijo:

    La escritura es un acto solitario, eso es verdad. Y una necesidad. Y el arte de escribir, como el resto de las artes, solicita la complicidad de una mirada exterior que complemente su sentido de trascendencia. Todo texto, de una manera o de otra, acaba encontrando su lector. Gracias por compartir esta motivadora entrada. Un saludo.

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