Cuentos chinos (1)


 

socarrat leon_1Así, como suena, os voy a contar  en esta  tarde de lunes, un cuento chino, pero de verdad. Los grandes hallazgos en materia de las ideas religiosas, filosóficas, científicas y sociopolíticas se encarnaron en la cultura china por medio de las tres grandes religiones que la vertebraron: el taoísmo, el confucianismo y el budismo, este último proveniente de la India en el siglo I d.C. Tal acerbo ideológico, pasó al pueblo, de la mano de la literatura, a través de formas narrativas breves, LOS CUENTOS, que contenían lo esencial que el ciudadano debía saber acerca de la creación, las reglas morales, el orden social, el político…

        En el primer cuento se manejan, sorprendentemente, conceptos semejantes a las teorías modernas sobre el origen del universo.

COMO PAN KU FORMÓ EL MUNDO

         En épocas inmemoriales no existían el cielo ni la tierra. El universo era una nebulosa caótica y embrionaria de parecida forma a un gran huevo. Allí dormía, apacible y tranquilo, un gigante llamado Pan Ku.

        Al cabo de dieciocho mil años, el gigante se despertó. Encolerizado porque a su alrededor sólo reinaban las tinieblas, sacudió sus brazo, vigorosos como l hierro, para apartarlas. Se produjo una explosión ensordecedora y el gran huevo estalló de improviso. La nebulosa caótica y primitiva, que había permanecido concentrada en un solo lugar durante varos cientos de miles de años, comenzó a girar convulsivamente. Las materias ligeras se levantaron vertiginosamente, dispersándose para formar el cielo azul, mientras que las pesadas comenzaron a precipitarse dando origen a la tierra. Pan Ku relajado y alegre, exhaló un suspiro mientras se afirmaba entre el cielo y la tierra.

        A pesar de que el cielo y la tierra se habían separado, Pan Ku, preocupado de que se volvieran a unir, resolvió sostener al primero con las manos e hizo progresar su talla vertiginosamente. Creció diariamente 3,3 metros, separándose a este mismo ritmo el cielo y la tierra. Después transcurrieron otros dieciocho mil años, el cielo alcanzó mayor altura y la tierra se solidificó. Por su parte, Pan Ku  llegó a tener una estatura de 45.000 kilómetros y, apoyando sus pies sobre la tierra, sostuvo el cielo con la cabeza: era digno de que se le llamase gigante.

        El mundo se formó gracias a los poderes mágicos que poseía                                          Pan Ku y, debido a su esfuerzo, el cielo jamás volvió a fusionarse con la tierra. Las tinieblas y el caos se disiparon para siempre, pero Pan Ku agotó todas  sus energías y murió extenuado poco más tarde.

        Pan Ku aspiraba a crear un mundo bello y resplandeciente donde coexistieran el sol y la luna, las montañas y los ríos, y todas las especies. Pero murió sin poder plasmar este grandioso objetivo.

        Sin embargo en el momento mismo de morir, su cuerpo sufrió una metamorfosis repentina, dando origen a todo cuanto nos rodea:

        De su aliento nacieron el viento primaveral y las nubes que nutrían a los seres, su voz se convirtió en el trueno ensordecedor.

        Su ojo izquierdo se transformó en el sol brillante, y el derecho en la hermosa luna, sus cabellos y la barba dieron origen a as incontables estrellas.

        Sus cuatro extremidades y el tronco dieron principio a los cuatro puntos cardinales y a las cinco grandes montañas sagradas.

        De su sangre brotaron enormes y tumultuosos ríos y sus tendones se transmutaron en amplios caminos dispuestos en todas las direcciones.

        Sus músculos se convirtieron en tierras fértiles; y los dientes, los huesos y la médula de sus huesos, en el blanco jade y en ls infinitas reservas minerales.

        El fruto de sus vellos fueron las plantas, la hierba y los árboles, y el del sudor, la lluvia y el rocío.

        Todo lo que existe, pues, procede de Pan Ku.

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Cuento seleccionado de “CUENTOS CHINOS”. Ediciones Miraguano. Madrid.1985

Acerca de EL PEREGRINO CONSTANTE

Concibo mi vida como un infatigable peregrinar en busca del conocimiento de cuanto me rodea, de la belleza, del amor y la amistad. He vivido lo suficiente como para poder calificar de largo el camino recorrido, pero no para dejar de andar.
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