Poetas simbolistas. Arthur Rimbaud (1). Ed. Bilingüe.


Nacido en 1854 y fallecido en 1891, a la edad de treinta y siete años, es un caso singular de precocidad en el genio. Tan es así que, a los diecinueve años abandonó su carrera literaria. Su obra, abundante por cierto, fue escrita entre 1869 y 1871. Pasó como una estrella fugaz por la poesía francesa.  Su conducta, rebelde y desordenada, el consumo del ajenjo y sus pasiones incontrolables, lo convirtieron en el verdadero “enfant terrible” de su época. Es conocida su tempestuosa relación amorosa con Verlaine. Su obra se compone de poemas generalmente cortos, letrillas, sonetos y composiciones de cuatro, cinco y seis versos. Su verso, firmemente encajado, no prodiga los artificios, usa poco las cesuras y no suele recurrir al encabalgamiento. La selección de palabras es siempre exquisita. El lenguaje es preciso y permanece claro aun cuando la idea suba de color o el sentido se oscurezca. Las rimas son irreprochables. No obtuvo el reconocimiento en vida, pero sí en las generaciones sucesivas.

 

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Arthur Rimbaud

                                Ophélie

                                      I

Sur l’onde calme et noire où dorment les étoiles

La blanche Ophélia flotte comme un grand lys,

Flotte très lentement, couchée en ses longs voiles…

– On entend dans les bois lointains des hallalis.

 

Voici plus de mille ans que la triste Ophélie

Passe, fantôme blanc, sur le long fleuve noir.

Voici plus de mille ans que sa douce folie

Murmure sa romance à la brise du soir.

 

Le vent baise ses seins et déploie en corolle

Ses grands voiles bercés mollement par les eaux ;

Les saules frissonnants pleurent sur son épaule,

Sur son grand front rêveur s’inclinent les roseaux.

 

Les nénuphars froissés soupirent autour d’elle ;

Elle éveille parfois, dans un aune qui dort,

Quelque nid, d’où s’échappe un petit frisson d’aile :

– Un chant mystérieux tombe des astres d’or.

 

                                    II

Ô pâle Ophélia ! belle comme la neige !

Oui tu mourus, enfant, par un fleuve emporté !

– C’est que les vents tombant des grands monts de Norvège

T’avaient parlé tout bas de l’âpre liberté ;

 

C’est qu’un souffle, tordant ta grande chevelure,

A ton esprit rêveur portait d’étranges bruits ;

Que ton coeur écoutait le chant de la Nature

Dans les plaintes de l’arbre et les soupirs des nuits ;

 

C’est que la voix des mers folles, immense râle,

Brisait ton sein d’enfant, trop humain et trop doux ;

C’est qu’un matin d’avril, un beau cavalier pâle,

Un pauvre fou, s’assit muet à tes genoux !

 

Ciel ! Amour ! Liberté ! Quel rêve, ô pauvre Folle !

Tu te fondais à lui comme une neige au feu :

Tes grandes visions étranglaient ta parole

– Et l’Infini terrible effara ton oeil bleu !

 

                                III

Et le Poète dit qu’aux rayons des étoiles

Tu viens chercher, la nuit, les fleurs que tu cueillis ;

Et qu’il a vu sur l’eau, couchée en ses longs voiles,

La blanche Ophélia flotter, comme un grand lys.

                                      Ofelia

I

Sobre la quieta y negra agua donde duermen las estrellas
la blanca Ofelia flota como un gran lirio,
flota con lentitud, recostada en sus largos velos…
—En los bosques se oyen lejanos gritos de caza.

Hace ya más de mil años que la triste Ofelia
pasa, fantasma blanco por el gran río negro;
más de mil años ya que su dulce locura
musita  su tonada al céfiro nocturno.

El viento besa sus senos y despliega en corola
sus grandes velos mecidos blandamente por las aguas;
los sauces temblorosos lloran sobre  su  espalda,
sobre su gran frente soñadora se inclinan las cañas.

Los ajados nenúfares suspiran a su lado;
a veces, ella despierta, en el dormido aliso,
un nido del que surge un aleteo mínimo:

un canto misterioso cae de los astros de oro.

II

¡Oh pálida Ofelia, bella como la nieve,
¡Muerta cuando eras niña, por un río arrastrada!
Y es que vientos de Noruega viniendo de altos montes

te hablaron en voz baja de la áspera libertad.

Y es que un soplo, al retorcer tu  gran cabellera,
llevaba a tu espíritu soñador extraños ruidos;
que tu corazón escuchaba el canto de la Naturaleza
en los lamentos del árbol y  los suspiros de las noches;

Y es que la voz de mares locos,  inmenso estertor,
desgarraba tu seno de niña, demasiado dulce, demasiado humano;
y es cuando, mañana de abril, un bello infante pálido,
un pobre loco,  mudo en tus rodillas se sentó.

Cielo, Amor, Libertad: ¡qué sueño, oh pobre Loca!
Te fundías en él como nieve en el fuego;
tus grandes visiones, ahogaban tu palabra.
—¡Y espantó tu ojo azul el terrible Infinito!

III

Y el Poeta dice que de las estrellas en los rayos,

las flores que cortaste, por la noche, vienes a buscar,

y que ha visto en el agua, tendida en sus largos velos,

como un gran lirio, a la blanca Ofelia flotar.

 

Traducido por El Peregrino Constante

Acerca de EL PEREGRINO CONSTANTE

Concibo mi vida como un infatigable peregrinar en busca del conocimiento de cuanto me rodea, de la belleza, del amor y la amistad. He vivido lo suficiente como para poder calificar de largo el camino recorrido, pero no para dejar de andar.
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